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Temblores en Mendoza: la importancia de una Gestión Integral del Riesgo de Desastre

Como si la memoria fallase, marcamos días en el calendario para que nos recuerden hechos o personas destacadas. El 8 de mayo se celebra el Día Nacional de la Prevención Sísmica, establecido en 1972 por la ley 19.616, y que dio vida en la provincia de San Juan al Instituto Nacional de Prevención Sísmica, conocido como INPRES.

Su objetivo es registrar los sismos que se producen en el país, actualizar el reglamento de construcciones sismoresistentes y elaborar contenido educativo. El 15 de enero de 1944, la ciudad de San Juan se sumió en un paisaje de escombros con daños del 80% y alrededor de 10 mil muertos, por un terremoto de IX grados en la escala Mercalli modificada.

Como queriendo guardar en la memoria; “Los sobrevivientes que relataron la experiencia ofrecieron descripciones de marcada semejanza en cuanto a los detalles y la forma. Esta similitud señala el carácter colectivo del trauma que experimentaron. Al destruir la ciudad física, el desastre también desgarró un orden simbólico. Cada historia individual de una muerte sin sentido ayudaba, también, a la desconstrucción de los significados colectivos de la vida local. Regresando al momento del terror y la huida, una y otra vez, estos relatos apuntaban a algo mayor. No solo contaban las trayectorias individuales recorridas por los sobrevivientes al salir de las casas, las iglesias y los cafés. También narraban la experiencia colectiva de ser arrancados de un mundo conocido y abandonados a la intemperie, expuestos” (Kai Erikson, 1976, en Mark Healey, 2012, P.168)

San Juan, tiene tatuado en su memoria colectiva el impacto social del terremoto, y por ello alberga un simulador sísmico en el Museo de la Memoria Urbana que será reinaugurado en cuanto sea posible en el contexto de pandemia.

En Mendoza, otra de las provincias argentinas con mayor frecuencia e intensidad, también se marca en el almanaque cada 20 de marzo como el día provincial para recordar la prevención sísmica, a partir de la Ley 9.052/18, debido al terremoto de 1861, que fue el porcentualmente más destructivo de la historia argentina alcanzando IX grados en la escala Mercalli modificada.

La población no solo tuvo que vivir la destrucción de las edificaciones, sino el incendio que se originó inmediatamente después, debido a las velas encendidas en horas del atardecer. Luego, sobrevino un conjunto de amenazas concatenadas, por la falta de disposición de los cadáveres, la acefalía del poder político, la contaminación del agua y la falta de higiene en los mataderos, que transformaron el antiguo casco urbano en una zona de peste.

El último terremoto de mayor magnitud en Mendoza fue en 1985 llegando a los VIII grados en la escala Mercalli modificada. Para resumir, hay aproximadamente tres generaciones que carecen de una experiencia física de terremotos, que pone de relieve la importancia de las lecciones aprendidas sobre cada desastre.

Hacia una visión más integralHoy es imposible plantear la prevención sísmica sin vincularla a la Gestión Integral del Riesgo de Desastre (GIRD) y al Sistema Nacional de Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR), establecido por la ley 27.287/16. Además, la prevención sísmica, dentro de la GIRD, está vinculada al Marco de Acción de Sendai y de sus cuatro prioridades de acción: 1. Comprender el riesgo de desastres. 2. Fortalecer la gobernanza del riesgo de desastres para gestionar dicho riesgo. 3. Invertir en la reducción del riesgo de desastres para la resiliencia. 4. Aumentar la preparación para casos de desastre a fin de dar una respuesta eficaz y para “reconstruir mejor” en los ámbitos de la recuperación, la rehabilitación y la reconstrucción.

Terremoto y pandemia

Estando a mediados del 2020, en el mundo y en Argentina, la GIRD ya no es un tema de expertos, en los medios de comunicación se habla de prevención, amenaza, vulnerabilidad, sin que realmente se conozca el alcance de dichos términos. La pandemia por COVID 19, ha puesto de manifiesto en Argentina, en primer lugar, que es necesario educar en GIRD; en segundo lugar, se requiere profundizar en políticas públicas sobre GIRD, que impliquen no solo la atención de la emergencia, sino la prevención, mitigación y reconstrucción o recuperación post desastre y, en tercer lugar, es necesario realizar transferencia del riesgo, para evitar endeudamientos.

Desde la geografía se comprende la complejidad y dinamicidad de nuestro planeta, ofreciendo respuestas ante escenarios de amenazas múltiples, por ejemplo, COVID 19 y un sismo considerable. Italia y Croacia ya experimentaron esa fatídica combinación.

Hoy, podemos plantearnos en este contexto de pandemia si ¿es posible asumir el impacto de un terremoto de gran magnitud?, ¿las camas de los hospitales estarían discriminadas por áreas diferenciadas para atender a infectados por COVID 19 y heridos por el terremoto?, ¿el presupuesto provincial o nacional, puede acompañar a dar respuestas, de tipo habitacional y sanitaria?

Negar las condiciones propias de nuestra geografía no nos ayuda a mejorar como sociedad, al contrario, no se trata de profundizar el dolor ni el trauma, sino, de recuperar las memorias para transformarlas en lecciones aprendidas y saberes que nos permitan acercarnos al desarrollo sostenible.

Lecciones aprendidas y tiempo ganado

Hoy podemos aprovechar en casa para organizar el plan familiar de llamadas y evacuación ante sismos, reparar averías del hogar y ensayar el armando de la mochila de emergencia, siempre acorde a las necesidades de cada integrante de la familia y de cada institución. También es muy valioso el relato de las vivencias sobre terremotos.

Mientras, habrá que continuar promocionando la Gestión de Riesgos a Desastres en cada localidad del país.

Fuente: Lourdes Cicconi para Diario Luján

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