Con 230 voluntarios activos, su presencia alcanza a miles de personas cada semana. Una forma de cuidado que combina técnica, ética y sensibilidad, y que hoy necesita más manos para crecer. En el Día Internacional del Voluntariado, la invitación está abierta: cualquier persona puede sumarse y no se requiere experiencia previa en salud ni teatro.
Hay encuentros que cambian algo en quien los vive. A veces es un gesto mínimo, una mirada a los ojos, un cuento improvisado, un silencio compartido, que habilita un respiro en medio del dolor. Eso es lo que proponen los payamédicos mendocinos cada día que entran a una habitación de hospital: un encuentro real entre las personas. Sin pretender «sacar sonrisas» ni disfrazar la enfermedad, sino habilitar un espacio de presencia, juego y subjetividad que devuelve, aunque sea por unos minutos, el aquí y ahora.

Su filosofía es simple y profunda: los pacientes dejan de ser pacientes —pasivos— para convertirse en producientes, protagonistas de una experiencia compartida donde se genera algo nuevo, una historia, una aventura, un juego, una chispa de potencia. Y ese encuentro, dicen quienes lo practican, transforma a todos: «No es que damos algo. Buscamos juntos lo que cada uno tiene para producir potencia. El produciente sale fortalecido y nosotros también», resume Gerardo Quiroga de la Asociación Civil Payamédicos de Mendoza.
Las historias que atraviesan son muchas. Como la de una niña que pasó 2 años internada, invadida por tratamientos y temores. Al principio se resistía. Con el tiempo, fue encontrando en los payamédicos a sus aliados, un refugio emocional donde podía sostener su ánimo. Hoy, ya adolescente y en su casa, todavía mantiene contacto con ellos.
La evidencia es clara: la risa y el bienestar emocional liberan endorfinas y oxitocina, ayudan a disminuir la angustia, estabilizan el ritmo cardíaco, reducen la percepción del dolor e incluso permiten que ciertos procedimientos invasivos sean más tolerables.
Cómo trabajan: técnica, ética y cuidado
Detrás del colorido y del juego hay una formación rigurosa. Cada jornada empieza cuando los payamédicos llegan al hospital sin el traje a la vista y se reúnen con el personal de enfermería para conocer la situación de cada habitación que visitarán. Nada se improvisa, se recaba información clínica y social relevante, se organiza un «agenciamiento» (la manera ética de entrar en vínculo) y se cuidan todos los detalles para no generar resonancias con la enfermedad, o una situación disruptiva o que traumatice a la persona.

El vestuario sigue criterios de cromoterapia, con colores claros, luminosos, sin asimetrías, limpio y pensado para transmitir armonía. También hay un trabajo emocional permanente: una vez al mes el grupo analiza los casos más complejos y realiza técnicas de psicodrama para procesar lo vivido, cuidando al voluntario para que pueda seguir cuidando.
Hoy en Mendoza hay unos 230 payamédicos, y cada fin de semana interactúan con cerca de 2.000 personas, entre pacientes, familiares, médicos, personal de maestranza, se genera un efecto positivo en cadena impulsado por la interacción con intención. El impacto del bienestar se multiplica en cada pasillo.
Quiénes pueden ser Payamédicos
La respuesta es simple: cualquier persona. No hace falta ser médico, ni trabajar en salud, ni tener experiencia teatral. Solo ser mayor de 17 años y tener vocación de encuentro y cuidado.
La formación artística dura 3 meses. A su vez, hay una formación teórica durante 1 mes, de modo virtual y a cargo de José Pellucchi, el fundador de la ONG, en la que se aprende psicología, filosofía, bioseguridad, procedimientos hospitalarios, ética y decir ético. Luego se hace una residencia hospitalaria de 3 meses, acompañados con payamédicos de mayor experiencia. «Los payamédicos estamos formados para no ver la falta sino la potencia de las personas: cuando entramos a una habitación, trabajamos con lo que esa persona puede hacer. Además, la técnica del payaso es muy buena porque convierte los errores y los problemas en una oportunidad para superarse», explica Quiroga.
También existen los payamediquitos, una propuesta para inculcar la solidaridad en niños y niñas de 5 a 10 años, que realizan acciones solidarias y acompañan actividades sin entrar a los hospitales.
Además, hay integrantes del grupo que prefieren no ingresar a ámbitos hospitalarios pero que se suman en tareas de logística, organización de eventos y apoyo comunitario.

Por qué necesitan más voluntarios (y cómo sumarte)
El crecimiento de Payamédicos en Mendoza abrió posibilidades: más hospitales, más áreas, más salas donde la salud emocional es tan necesaria como un medicamento. Con más voluntarios, podrían duplicar su presencia y llegar de manera sostenida a residencias de adultos mayores y centros de día.
La organización no cuenta con financiamiento público ni privado. Agradecen el apoyo logístico de municipios y provincia que les facilitan espacios para capacitación y siempre necesitan materiales, equipamiento básico (ventiladores, sillas, mesas, proyectores), vestuario y material publicitario. Quienes quieran colaborar —con tiempo, recursos o donaciones— pueden comunicarse a través de sus redes sociales @payamedicosenmendoza.
En este Día Internacional del Voluntariado, la invitación está abierta. Ser payamédico es, ante todo, descubrir que cuando dos personas se encuentran desde su parte más luminosa, ambos salen potenciados. Y eso, en un hospital o fuera de él, siempre es un acto de cuidado y salud colectiva.













