Cuyo Seed Food nació como proveedor de las semillas de tomate Heinz en Argentina, con las que se hace el mejor kétchup del mundo. Cómo mejorar la vida en el campo de la mano de productos innovadores.
Es improbable que Henry John Heinz (1844–1919) imaginara que las semillas que utilizó para crear el mejor kétchup de tomate del mundo, se sembraran y comercializaran a miles de kilómetros de su país y casi 100 años después. Cuyo Seeds es una empresa que logró posicionarse desde Mendoza como proveedora de semillas de tomate marca Heinz para todo el territorio argentino con el diferencial de la alta calidad y de lo natural. Desde el polo de empresas Cumbrar (Rodríguez Peña 2163), es una pyme que se ha convertido en sinónimo de tomate para industria de excelencia.
Las semillas de esta empresa radicada en Mendoza se comercializan a través de los principales viveros hortícolas especializados de la región. Con el trabajo de los agricultores locales se producen los mejores tomates que luego se convierten en la materia prima de compañías como Arcor, Marolio, AVA y Baggio. También cuentan con una fuerte demanda en empresas regionales de la talla de Solvencia, Cialpil y otras en las que el tomate industrializado en puré, pelado o cubeteado forman parte de sus productos estrella.
“Proveemos a las principales procesadoras del país variedades desarrolladas por Heinz Seed”, contó Luis Cuitiño, cofundador de Cuyo Seeds. Gracias a esta tecnología, las marcas pueden ofrecer productos de alta viscosidad, altos sólidos solubles, bajo pH, color intenso y –lo más importante- sin necesidad de colorantes o espesantes artificiales.

Cuyo Seeds cuenta, además, con una segunda unidad de negocios que es la venta de equipos para el agro con tecnología de vanguardia, estaciones meteorológicas y sensores de humedad de suelo; entre otras innovaciones. Es una marca austríaca (imetos de pessl instruments) que posee más de 30 años en la Argentina “Ayudamos a incorporar tecnología a las pymes con el objetivo de hacer más atractivo el campo a las nuevas generaciones”, relató Luis Cuitiño, quien también es ingeniero agrónomo.
En un contexto en el que las zonas rurales están cada vez más despobladas por las dificultades económicas y los cambios culturales, desde la empresa tienen claro los jóvenes deben contar con mejores herramientas y posibilidades para quedarse en el campo y proyectarse al futuro. “Buscamos incorporar tecnología en los campos y facilitar no solo el trabajo sino todos los procesos asociados”, sumó Cuitiño y ejemplificó que se envían reportes de riego y se anticipan contingencias; entre otros beneficios. “Acercamos la tecnología para que sea más atractivo el negocio agrícola”, resumió Cuitiño.
El ciclo de la semilla a la mesa
El crecimiento de Cuyo Seeds ha sido orgánico y planificado. Para ellos una clave no ha sido solo poder crecer desde Mendoza hacia los principales polos de tomate para industria sino ser el comienzo de un cambio que luego se consigue en la góndola y se consume en la mesa de los argentinos. El objetivo es abarcar porciones cada vez mayores de mercado con el fin de ofrecer productos industrializados de alta calidad y sin casi agregados extra. En ocho años de vida, la firma cuenta con el 12% del mercado argentino y se ha propuesto hacer un trabajo integral.

El ciclo que abona Cuyo Seeds es que la semilla se convierte en alimento con mayor eficiencia industrial y la posibilidad de contar con la misma tecnología y genética que utilizan las marcas líderes mundiales en el mundo a partir de la semilla Heinz. En realidad, el círculo comienza en ellos, pero redunda en toda la cadena a partir de las decisiones que toman las industrias. La utilización de estas semillas busca mejorar la rentabilidad del productor primario, con altos rendimientos y variedades adaptadas a las nuevas condiciones ambientales. Esto redunda en mayor calidad industrial, color y un PH más bajo que permite que el producto final no requiera el agregado de correctores y mantenga así el sabor natural del tomate.
Así, el recorrido inicia en Cuyo Seeds con la semilla, la elección de la variedad y del tomate que cada industria requiera. Sus clientes directos son los viveros, pero los esenciales son las industrias que deben elegir y seleccionar el tipo de plantín ideal para las necesidades de cada año. “Brindamos un tomate industrializado, pero natural que mantiene sus propiedades desde la siembra hasta la mesa”, ejemplificó Cuitiño. De este modo, lo que buscan desde Cuyo Seeds es concientizar cada vez más a la industria sobre la importancia de planificar y apostar por productos de alta calidad.
La idea es que las conserveras hagan un cronograma de elaboración en función de su capacidad de procesamiento y de allí coordinen con los productores cuándo van a precisar el tomate. Estos, a su vez, deben acudir al vivero a conseguir los plantines de la variedad que está lista para la fecha programada, siempre dentro de los límites naturales. “Ahí entramos nosotros que proveemos las semillas en función del tipo de producto y los tiempos”, sintetizó Cuitiño.
En un contexto en que la superficie de tomate se achica por menor consumo interno, mayor importación y las cambiantes variables macroeconómicas, desde Cuyo Seeds prefieren estar atentos a las oportunidades que aparecen frente a la mayor competencia. “Tenemos que mejorar todo el proceso desde la semilla para poder contar con calidad superior y eficientizar la producción en su totalidad”, detalló Cuitiño.






