MDZ Rent a Car nació cuando Claudia Duek se quedó sin trabajo y empezó a alquilar su propio auto. Más de 20 años después, la pyme mendocina atravesó la pandemia con viajes en «cápsulas», el boom del PreViaje —que dio origen a un modelo de autos de terceros que aún usa—, y hoy apuesta a agentes de inteligencia artificial y a alianzas con empresas de otras ciudades turísticas del país. Su fundador cuenta qué aprendió de una economía que no da tregua.
MDZ Rent a Car no nació como una flota corporativa. Arrancó con un auto familiar y una necesidad concreta. Claudia Duek se había quedado sin trabajo: trabajaba en una AFJP —Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones, el sistema privado que el Estado reformó y que dejó de existir—. Empezó a alquilar su propio vehículo. Después su hijo, Gastón Suarez Duek, la ayudó con la página web y la publicidad en Google. En 2006 armaron el sitio mientras él estudiaba Ingeniería en Informática en la Universidad de Mendoza.
Desde entonces, la empresa opera en la ciudad de Mendoza —hoy desde su oficina de Martín Zapata 355—, acumula 780 reseñas en Google con una calificación de 4,5 estrellas y atiende a un público con un perfil muy claro: más del 95% de sus clientes alquila un auto para recorrer la provincia.
«Una pyme se tiene que adaptar. Hoy estamos viviendo una nueva etapa que nos exige cambiar, probar, mejorar en lo que hacemos y aprovechar las oportunidades que se presentan», afirma Suarez Duek.
De las cápsulas al boom del PreViaje
El golpe más duro llegó con la pandemia. Para una empresa cuyo negocio depende casi exclusivamente de los visitantes, el volumen de trabajo cayó a un mínimo, pero no se detuvo del todo: había gente que necesitaba llegar a Buenos Aires y, con el transporte regular limitado, casi no había otra forma de viajar que no fuera en auto.
Esos traslados se hacían en las llamadas «cápsulas»: viajes especiales escoltados por la policía durante la cuarentena. Eran recorridos largos, agotadores y lentos.
«En la pandemia tratamos de seguir trabajando. Había gente que necesitaba llegar a Buenos Aires, y no había otra forma de ir que no fuera en auto y en ‘cápsulas’ escoltados por la policía. Esos viajes eran realmente terribles y tal vez te demorabas más de 24 horas para hacer un viaje de 12. Pero realmente era muy poco el volumen de trabajo, y siempre tratamos de seguir haciendo algo para ayudar a pagar los sueldos», recuerda Suarez Duek.
La pandemia, dice, fue terrible, como para muchos negocios. La prioridad era sostener los sueldos, aunque el trabajo alcanzara apenas para eso.
Lo llamativo fue la velocidad del cambio. Aproximadamente un año después, el escenario se dio vuelta: un tipo de cambio muy favorable para el visitante atrajo una enorme cantidad de turistas, y a eso se sumó el programa PreViaje, que reintegraba gran parte del gasto en servicios turísticos. La demanda creció de golpe. Y ahí nació una decisión operativa que todavía define cómo refuerza la flota en los picos.
«El boom del PreViaje fue increíble, realmente no dábamos abasto para conseguir autos y ahí implementamos la idea de alquilar autos de terceros, algo que hoy todavía hacemos para reforzar los fines de semana largos o en temporada alta. Hacemos un contrato con un tercero, le explicamos todo lo que necesitamos del seguro y las condiciones, y luego nosotros nos encargamos de la gestión y entrega del vehículo al cliente», explica.
El hallazgo no fue un parche de emergencia: se convirtió en un mecanismo permanente para cubrir temporada alta y fines de semana largos sin agrandar de golpe la estructura fija.
La lección: el colchón se arma en las buenas
De ese vaivén —del mínimo de la pandemia al exceso de demanda del PreViaje—, el empresario sacó la que considera la principal enseñanza de más de dos décadas al frente de una pyme argentina: desconfiar de los buenos momentos tanto como se teme a los malos.
«Es importante ser cauto cuando las cosas van bien y armar un buen colchón que permita sobrevivir a la próxima crisis. Hay que aprovechar y crecer cuando se puede, pero no creer que va a ser siempre así, porque uno o dos años después las cosas pueden cambiar, y mucho», sostiene.
La advertencia no es teórica. Según describe, 2026 viene siendo un desafío para el turismo y para muchas pymes. No es la primera vez y probablemente no sea la última.
Un país que obliga a innovar (también con agentes de IA)
Gobiernos de distinto signo, dólar libre y cepo cambiario, crisis recurrentes, una pandemia y, ahora, la irrupción de la inteligencia artificial. Para Suarez Duek, esa sucesión define el ADN de cualquier emprendedor local.
«Argentina exige un espíritu emprendedor e innovador. Siempre hay oportunidades, y ser pyme en Argentina te lleva hacia eso. Algunas veces cansa, otras veces trae muchas recompensas», reflexiona.
Esa búsqueda se traduce hoy en decisiones concretas. MDZ Rent a Car incorporó agentes de inteligencia artificial en distintas tareas del negocio —una experiencia que ya fue noticia como caso de «4 agentes de IA en una pyme de Mendoza»— y suma medios de pago pensados para el turista internacional y digital, como Pix, el sistema de pagos instantáneos de Brasil, y criptomonedas.

Lo que cambió con los agentes, dice, fue recuperar tiempo para hacer cosas que siempre habían querido hacer.
«Los agentes de IA nos ayudaron a hacer cosas que siempre quisimos hacer pero no nos daba el tiempo. Participar en conversaciones sobre turismo en Mendoza en redes como Instagram, TikTok, Twitter o Reddit. Generar más notas con contenido para el blog. Contactar y mantener conexión con agencias de turismo de Brasil y Buenos Aires», enumera.
Tres frentes concretos: presencia en redes, contenido propio y vínculo comercial con agencias.
De Google a ChatGPT: la historia se repite
El paralelismo que más entusiasma al fundador tiene que ver con el marketing digital. Cuando la empresa dio sus primeros pasos, anunciar en Google era barato, había poca competencia y los resultados eran notables. Hoy estar en Google es indispensable, pero ya no representa una ventaja por sí misma.
Comparar costos de entonces y de ahora, sin embargo, es casi imposible. La publicidad siempre se pagó en pesos, y el peso atravesó una devaluación enorme. Suarez Duek recuerda que un clic podía costar 3 o 4 pesos; hoy, dice, una conversión sale entre 3.500 y 5.000 pesos. No son la misma unidad —clic versus conversión— y tampoco el mismo peso.
«Es imposible saber cuánto costaba un clic, que ya siempre lo pagamos en pesos y el peso ha tenido una devaluación gigante. Tal vez pagábamos 3 o 4 pesos; hoy sale entre 3.500 y 5.000 por conversión», resume.
«Hoy estamos haciendo anuncios en ChatGPT y es muy parecido a lo que sentimos hace 20 años, cuando empezamos a anunciar en Google. En esa época había poca competencia, era económico y daba muchos resultados. Hoy Google es algo que tenés que tener sí o sí, pero está muy lejos de ser una oportunidad: tiene que estar súper bien optimizado o no sirve», explica.
Crecer con plan B y plan C: alianzas en el país
Con más de dos décadas en el mercado, la empresa mira hacia adelante. El plan concreto que están implementando hoy es generar alianzas con empresas de otras ciudades turísticas del país.
«La idea que estamos implementando hoy es generar alianzas con empresas de las otras ciudades más turísticas de Argentina, como Salta, Bariloche, Iguazú, Ushuaia, Puerto Madryn, para empezar a trabajar en conjunto y crecer», detalla Suarez Duek.
«A nosotros nos encanta Mendoza y nos encanta Argentina. Tenemos un plan para crecer hacia otras provincias en los próximos años, siempre con un plan B y hasta un plan C, por las dudas de que las condiciones cambien», concluye.
Una frase que sintetiza la historia de miles de pymes argentinas —y, en este caso, de una que empezó con el auto de Claudia Duek cuando ella se quedó sin trabajo—: crecer cuando se puede, resistir cuando toca y estar siempre listas para volver a empezar.






