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¿Se tiene consciencia de la exposición cotidiana al trabajo?

Cuando el foco de crecimiento es la consciencia, es posible preguntarse: ¿Cuán conscientes estamos cuando nos enfrentamos a una situación concreta en nuestro trabajo cotidiano? Para visualizarlo se necesita una evaluación de tres dimensiones propuestas en una misma situación: la tarea en sí, el equipo o las relaciones que interactúan para resolverlo y la persona en sí, como actor decisivo dentro de la situación; esto podría ofrecer un panorama más amplio sobre cómo se podría actuar.

Para esta evaluación, la conciencia y la capacidad de elección es la esencia de la responsabilidad, la dignidad, la libertad y la humanidad incondicional.

El ser humano es consciente, lo que le da la capacidad para darse cuenta de su situación externa (hechos datos, recursos, etc.) e interna (sensaciones, etc.). En el proceso de darse cuenta uno considera su situación con respecto a sus objetivos y valores. A partir de esta evaluación elige una respuesta y se comporta de acuerdo con su elección.

El comportamiento y factores externos incontrolables influyen en los resultados que se convierten en parte de la situación en la que la persona se encuentra en el momento siguiente.

  • El comportamiento es incondicionado ya que no depende más que de la voluntad de la persona.
  • El resultado es condicionado porque depende parcialmente de factores ajenos a la voluntad.

Mediante las decisiones y acciones uno intenta utilizar sus habilidades y recursos (físicos, intangibles) de la mejor manera posible, con el fin de perseguir sus objetivos, en congruencia con sus valores.

La comparación entre objetivos y resultados funda el juicio sobre la efectividad de la persona (éxito). La comparación entre valores y comportamiento funda el juicio sobre integridad de la persona (éxito trascendente, paz interior y felicidad incondicionales se funda en la autonomía del ser humano).

Luego comienza una guerrilla interna entre responsabilidad versus reactividad, en donde la persona cree operar con consciencia. Pero esto no es obvio pues los hechos disparan fuertes reacciones emocionales.

Las reacciones y pensamientos automáticos son preconscientes, por eso es difícil impedir que aparezcan y difícil contenerlos una vez que aparecieron.

Lo único que calma la guerrilla es generar paz interna, conociendo que cada acción conlleva a un objetivo doble:

• Tener cierto resultado

• Construir un propósito auto afirmativo de la identidad (paz)

La acción es una respuesta del actor a los desafíos del entorno, por lo que la libertad para elegir cómo responder a una situación (responsabilidad) abre la puerta hacia la dimensión ética de la existencia humana. Aún en casos cuando no se pueda determinar los resultados (hay factores incontrolables) ni la situación que enfrenta (la realidad no queda determinada por una situación personal), la persona es capaz de tener consciencia en su comportamiento en forma incondicional dado el desafío que le toca enfrentar.

Por lo tanto, la dignidad humana no depende de la efectividad sino de la coherencia entre el comportamiento y los valores.

La pregunta de reflexión sería: ¿Cómo asumo mi responsabilidad?

  • Yo soy la que siente lo que siente.
  • Yo soy la que piensa lo que piensa.
  • Yo he llegado aquí, tomando decisiones (consciente e inconscientes).
  • Yo puedo elegir salir de esta situación.

La persona con carácter de protagonista tiene la posibilidad inalienable de conseguir la paz interior, su integridad; y aunque no se obtenga el resultado deseado siempre es posible comportarse de forma honorable a sus valores.

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FUENTE

Lic. Carolina Montalto

Master Coach & Leadership Development

Conscious Business Center

www.cbcinternational.org

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