Management

¿Se imponen las oficinas compartidas?

Espacios de trabajo compartidos con empleados de otras empresas o con profesionales independientes de otras actividades: esa es la tendencia que se afianza en un mundo laboral cada vez más flexible.

Las propuestas de coworking ganan popularidad y se expanden por toda la ciudad de Buenos Aires y ya pisan cada vez más fuerte también en el interior.

En el sector sostienen que el ahorro de costos, especialmente para firmas chicas, puede llegar al 50 por ciento. En general, se ofrecen opciones desde $1.300 con jornadas flexibles en el mes, pero los paquetes llegan a los $3.000 para quienes quieren un puesto fijo todos los días en horario laboral. También se pueden contratar por un día.

Mientras algunos de los espacios se centran en la creación de una comunidad laboral más o menos estable, otros tienen un formato de café con estaciones de trabajo. Urban Station, con apertura de un nuevo local el año pasado; Coworking Rosario; Central Coworking o Sercles, abierto recientemente en el edificio histórico de la librería El Ateneo, son algunos de los muchos nombres que surgen.

Se estima que en Buenos Aires existen más de 43 espacios de coworking y más de 2.000 trabajadores que eligen este tipo de lugares para instalarse y desarrollar sus actividades. Emprendedores y freelancers como escritores, cineastas o publicistas son el público natural de esta modalidad de trabajo, pero también se sumaron empresas más grandes que encuentran en esto la oportunidad de brindar a los empleados un ámbito de trabajo creativo y de trazar redes.

“En el caso de las empresas, buscan que el empleado tenga un beneficio, llevarlo a un lugar creativo, acercarle el trabajo a la casa pero que no trabaje desde la casa. Hay casos de compañías que están en provincia pero tienen empleados que trabajan en Capital”, explica Silvana Calvo, Fundadora de Sercles e Ingeniera en Alimentos, quien creó este espacio con la idea de tener un lugar para trabajar de manera independiente.

Como muchos de estas propuestas, Sercles, que abrió en abril, cuenta con sala de reuniones, sala de capacitaciones, livings y cocina, en este caso ambientada como un típico bar porteño.

“El ahorro para una empresa comparado con los costos de tener una oficina propia es de casi 50% de lo que está pagando. Hay recepcionista que se comparte, igual que el alquiler y las expensas. Además, no hay que pagar un alquiler por anticipado”, señala Calvo. Y agrega: Con una inversión de 200.000 dólares, Urban Station, una de las marcas más conocidas en el rubro, abrió en septiembre pasado un imponente espacio de 300 metros cuadrados distribuidos en dos plantas y dos terrazas, en pleno corazón de Palermo Hollywood.

Empresas y clientes también comparten el mismo ámbito

Con un impulso emparentado con la idea de trabajo en espacios de interacción, pero sin ser estrictamente coworking, Kimberly-Clark creó en 2013 La Usina. Representa una manera de trabajar con los clientes, con una metodología de ‘Joint Value Creation’, un espacio de reunión y trabajo para entender cómo el consumidor se comporta como shopper en las categorías de la compañía.

Según explicó Cinthia D’Agata, gerente de Recursos Humanos de Kimberly-Clark Argentina, la propuesta ya fue exportada a otros países en los que está presente la firma, como Chile. “Es un espacio innovador que surgió acá, donde se hace experiencia de coworking con clientes como Walmart o Farmacity. Así logramos planificar mejor y ser más específicos”, señaló.

Fuente: Diario Bae

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