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¿Qué ves cuando te ves?

Cuando te miras en el espejo:

  • ¿Qué ves?
  • ¿Te reconocés?
  • ¿Te gusta verte al espejo o le huis?
  • ¿Detenés tu mirada en el espejo, te observas?
  • ¿Te tomas tu tiempo?
  • ¿Qué te decís?
  • ¿Cuál es tu conversación mental?
  • ¿Es un dialogo posibilitaste o que te cierra de posibilidad?

A veces, cuando nos vemos reflejados en el espejo, nos vemos con una distorsión. Pero…

  • ¿A qué se debe?
  • ¿De dónde nace esa distorsión
  • ¿De algo que te dijeron?
  • ¿De algo que te dijiste?

Es tiempo de hacer las paces con ese espejo, te propongo pararte frente a él y tomarte un tiempo para observarte, y en ese momento, escribir en una hoja un registro de lo que ves. No discrimines ningún pensamiento, escribí todo lo que veas y lo que sientas en ese papel. Luego, comenzá a distinguir cuáles te abren posibilidades y cuales te cierran. ¿Qué elegís hacer con eso que estás viendo? ¿Qué información te trajo? A partir de hoy, ¿quién elegís ser? Con esto, no estoy diciendo de que de repente van a desaparecer todos esos pensamientos negativos o esa imagen que tenés de vos mismo/a. Eso no va a suceder.

No podemos controlar que esos pensamientos vengan a nuestra mente. Aunque sí podemos controlar qué hacer en el momento que aparecen. ¿A cuál voy a escuchar? ¿A qué le voy a dar poder?

El desafío que te propongo es que puedas decidir. Que tomes la decisión de verte como posibilidad, de darle lugar a los pensamientos que te sumen para tu vida y te ames a vos mismo/a, hace los pases con vos, ¡perdonate! ¿Cuáles son tus atributos diferenciadores? Eso que te hace diferente del resto, en lo que marcas la diferencia. Recordá que sos único/única e irrepetible; no hay nadie como vos…

Te regalo un escrito de Charles Chaplin llamado:“Cuando me amé de verdad”:

Cuando me amé de verdad, comprendí que, en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso,* entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… ¡saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

“No puedo ser algo para alguien si primero no soy todo para mi”.

Me encantaría que me dejes tu comentario de qué te pareció la nota y que la compartas a  aquellas personas que le puede ayudar leerla. Gracias!

Les mando un beso enorme, nos encontramos el próximo viernes !

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Fuente: Estefanía Talaván

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