Emprendedores

¿Qué es un “emperdedor”?

En el ecosistema de los negocios hay empresarios, emprendedores, inversores, asesores y más. Pero uno de los integrantes recibe menos atención de la que merece: el “emperdedor”.¿Cómo ser, o mejor, dejar de ser, uno de ellos?

El empresario, pudo iniciar una empresa, comprarla, o simplemente heredarla. Puede tener socios o no. El emprendedor es aquel que empezó algo, “izó las velas”, se aventuró. Es aquella persona que tiene ímpetu por llevar a cabo sus ideas en beneficio de una causa, ya sea en su propia empresa (incipiente o consolidada) o en una oficina como empleado. El emperdedor, que es el que nos compete en esta ocasión, es una categoría aparte que sirve también de calificativo en cualquiera de las otras categorías. No se refiere al que emprende y se equivoca, o al que pierde su capital; esa persona sigue siendo ser emprendedor aunque fallé. El emperdedor es el que se conforma; el desempleado quejoso, pero que no mejora su entorno; que no toma riesgos o los toma cuando otros lo hicieron antes. Si alguien quiere ser un emperdedor tiene que seguir estos pasos.

No hagas nada relevante

Donde estás y cómo estás, estás bien. Si el negocio no da perdidas y no hay conflictos está todo en orden;  por lo tanto moverse, proponer y realizar algo nuevo o diferente, puede perturbar el orden. ¿Qué necesidad de intentar arreglar algo que no está roto? Si ningún competidor está cambiando su stock, ni renovando los insumos tecnológicos, ni hay un cambio brusco en las condiciones económicas de país ¿con qué necesidad vamos a arriesgarnos a innovar, ganar mercado y prestigio, o intentar ganar una ventaja diferencial y ser líderes?

Pensar sólo en uno mismo

Hay que entrar en la oficina con aires de superioridad y sin saludar a nadie. La cabeza de la empresa siempre es más importante que los empleados, porque estos son prescindibles y además trabajan mejor cuando están bajo miedo y presión. No hay necesidad, tampoco, de apoyar a los compañeros ni de ayudar a nadie porque sino ellos van a brillar y nosotros no. Tampoco hay que dinero o tiempo a ninguna causa benéfica porque sólo es para que los ricos evadan sus impuestos y obviamente hay que olvidarse de las empresas con impacto social (lo de Facebook y Bill Gates son sólo casos especiales que no aplican a todos). No hay ninguna buena razón para querer que los empleados nos respeten y admiren por nuestro liderazgo, ni para incentivar a los mejores a que nos superen y aporten a la empresa. Tampoco hay motivos para tener un ambiente de trabajo relajado aunque eso mejore la productividad y las ideas fluyan con más naturalidad.

Siempre decir que no

Es la fórmula para aparentar que no nos equivocas y sentirnos más seguros. Podemos hacerlo, inclusive, tácitamente (recomendado). Negamos cualquier propuesta de mejora, cualquier sugerencia que empleados o clientes nos hagan sistemáticamente. No busquemos darle forma a una propuesta porque será desgastante negociar o inclusive sonará fantasiosa, y no queremos dar mala imagen.

Culpar a los demás La culpa nunca puede ser del emprendedor porque los emprendedores nunca se equivocan. Siempre hay que mirar para el lado de los empleados, proveedores o incluso culpar a la sociedad toda y a los gobiernos. Un verdadero emperdedor nunca hace introspectiva ni toma riesgos para conseguir beneficios cuando las cosas van mal. Lo más práctico es echarle culpas a los demás, y además, es mucho más fácil.

Fuente: Mercado

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