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¿Qué es trabajar de dueño en una pyme?

¿Qué es trabajar de dueño de una pyme? ¿Cómo reconvertir las tareas que marcaron el comienzo del camino emprendedor en funciones que tracen el rumbo de la empresa?

Llevo muchos de años de consultor en empresas familiares. Conocí y trabajé con infinidad de fundadores o segundas generaciones que ya llevan más de treinta o cuarenta años al frente de una empresa fundada por alguno de sus padres. Sigue vigente el espíritu emprendedor aunque con cierto cansancio y algunos interrogantes.

¿Cómo sigo? ¿Para qué sigo? ¿Cómo es ahora que ya puedo no trabajar más? Es así, podrían no trabajar más y, sin embargo, lo siguen haciendo. Casi con la misma práctica emprendedora de los comienzos, realizando tareas del día a día, y como ellos dicen, “trabajando de dueños”.

¿Qué es trabajar de dueño?

No existe una sola manera de ser dueño de una empresa familiar. Depende de quién esté al frente, si es el fundador, la segunda o la tercera generación. También del tamaño y la antigüedad de la empresa. Si es una sociedad unipersonal, si tiene socios ya sea de la familia y/o socios extrafamiliares. Voy a poner entre paréntesis el tema patrimonial (ser dueño en el sentido de ser propietario) y centrarme en la persona en el sentirse dueño.

Un factor común es que trabajan en lo que saben hacer, que es lo mismo que los llevó como emprendedores a desarrollar su empresa. Fueron emprendedores antes de ser empresarios, y sigue siendo así a través de los años a pesar del crecimiento de la empresa.

Entonces es habitual encontrarnos con empresarios que “trabajan” como emprendedores y se las arreglan como pueden para funcionar como empresarios y “trabajar” de dueños. Otros casos son los de los hijos de los dueños, no fundadores que se incorporaron a la empresa con el tiempo, no tienen el mismo espíritu emprendedor de sus predecesores y hacen su trabajo de un modo parecido al de cualquier trabajador de la empresa (con algunas licencias no menores) con la presión de ser hijos del dueño.

El camino a empresario se transita en la cabeza del emprendedor, cuyo espíritu no se pierde nunca.

Es común encontrar a los dueños de las empresas familiares trabajar en el día a día y estar “al pie del cañón” como en sus primeras épocas de emprendedor. Más fatigado, contento y orgulloso de lo que logró y, en muchas ocasiones, preguntándose para qué o hasta cuándo. La sensación es que, si no lo hace de este modo, la empresa no funcionaría como funciona. Si además se incorporó algún hijo siente que su responsabilidad aumenta, las preguntas sobre el futuro son un poco más complejas porque se instala la duda si sus hijos estarán a la altura de las exigencias, si podrán trabajar juntos y la idea de “cuándo yo no esté” comienza a dar vueltas por su cabeza.

Ahora me pregunto ¿esto es trabajar de dueño? A veces la respuesta uno la encuentra en los hijos: “no quiero vivir la vida que vivió mi papá o vivieron mis padres”. Aquí encontramos una diferencia en el espíritu…uno comenzó de cero y los otros se encuentran con una empresa funcionando; cuál situación es más ventajosa es una discusión en la que se debaten algunas familias y algunos consultores.

¿Cuál es “la vida que vivió mi papá”? Vivir para la empresa, sacrificio, sin disfrutar a pleno el crecimiento de los hijos, de lunes a lunes, trabajar como todos más la responsabilidad de “sostener a todos”. ¿Acaso los hijos quieren trabajar menos? En parte sí, pero básicamente trabajar distinto. ¿Qué significa trabajar distinto? Ser dueño de otra manera. Y eso vale para todo dueño de una empresa familiar con hijos o sin hijos en la empresa.

El emprendedor “hace” tareas, el empresario “cumple” funciones.

¿Cuáles funciones? Diseñar la política de la empresa, trazar el rumbo, establecer prioridades, planes, pensar, tomar decisiones, armar equipos de trabajo, delegar tareas cotidianas. Contar con una segunda línea apta y eficiente, sean o no de la familia es esencial para que el dueño pueda trabajar de dueño.

¿Lo puede hacer solo? Creo que no. Necesita un equipo que lo respalde formado por personas aptas y capacitadas.

El dueño no es más dueño porque trabaje poniendo el cuerpo muchas horas en la empresa, es dueño porque sabe, porque aprende, porque contiene, porque guía, porque pone luz en las sombras, piensa a mediano y largo plazo, genera nuevos negocios, mantiene el vínculo con los clientes, es ejemplo, reconoce el trabajo de los otros, apoya a “su gente y toma decisiones”.

El camino del emprendedor al empresario pasa por querer serlo, sentir orgullo por ser empresario, poder serlo para lo cual se tiene que preparar, estudiar, aprender y finalmente saber serlo para lo cual necesita una mente abierta.

El camino a empresario se transita en la cabeza del emprendedor, cuyo espíritu no se pierde nunca.

Fuente: Eduardo Press para Buenos Negocios de Banco Galicia

Consultor de empresas, autor de los libros “Psicología de las Organizaciones” (Macchi, 2005), “Empresas de Familia. Del conflicto a la eficiencia” (Ed. Granica, 2011) y “Emociones en Empresas de Familia. Gestión de las emociones y la profesionalización” (Ed. Granica, 2016)

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