Locales

Mendoza debe cambiar la hora para aprovechar mejor la luz del sol

Desde el Conicet y la UNCuyo dicen que debe haber un horario de invierno para aprovechar mejor la luz del sol en la provincia.

Hace al menos una década que varios especialistas insisten en un hecho: si Mendoza adecuara su huso horario al recomendado para estas latitudes durante los meses de invierno, los beneficios no sólo redundarían desde el punto de vista de la salud sino que se ahorraría energía eléctrica, habría menos contaminación lumínica y el ritmo de vida estaría en sintonía con el correcto aprovechamiento de la luz solar.

Pero además, se reducirían los niveles de estrés y cansancio en la población debido a que, simplemente, los mendocinos se levantarían en la mañana con la luz del día y no a oscuras. Esto se produciría debido a que es justamente la luz diurna la que regula los estados de vigilia. Por el contrario, mientras es de noche el cerebro produce melatonina, hormona inductora del sueño.

Además de éste, los argumentos que dan cuenta de la necesidad de atrasar las agujas del reloj en invierno en Mendoza han sido resultado de investigaciones científicas y trabajos interdisciplinarios vertidos desde ciencias como la astronomía, la meteorología y la medicina.

De hecho, la propuesta para que la provincia aplique el huso -4 en relación con el Meridiano de Greenwich y no el -3, como lo es en la actualidad, cuenta con el sustento teórico del Programa Regional de Meteorología, área perteneciente al Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales del Centro Científico Tecnológico (CCT- Conicet Mendoza), cuyo titular es el reconocido doctor en meteorología Federico Norte.

En octubre de 2010, los expertos en diferentes áreas publicaron un informe (que quedó a disposición de la población y de las autoridades gubernamentales) en el que se detallan las bases científicas que dan cuenta de la necesidad de atrasar una hora los relojes, justamente, cuando la cantidad de luz diurna comienza a aminorar.

Precisamente es lo que hizo el sábado a la medianoche Chile, que atrasó sus relojes y -como todos los años- adaptó su hora de invierno. En nuestra provincia, la última vez que se hizo esto fue en mayo de 2004. Desde ese año el cambio no hora no se repitió.

Por eso, las voces de los expertos esperan ser escuchadas y de hecho, la semana pasada Beatríz García, doctora en astronomía e investigadora del Conicet, mantuvo una reunión con el actual secretario de Ambiente y Ordenamiento Territorial, Humberto Mingorance. El objetivo fue plantearle lo que los académicos entienden es una urgencia sanitaria y ambiental para la provincia.

Desde el área de Ambiente sólo se limitaron a confirmar -a través del área de Prensa- que el Gobierno local buscará acompañar al sector científico para promover el cambio de hora a nivel nacional, aunque afirmaron que es necesario estudiar la iniciativa con la Nación debido a que de modificarse el huso horario, la medida debería aplicarse a lo largo y ancho de todo el país.

“Mendoza no puede cambiar su huso de manera independiente de otras provincias”, argumentaron desde la secretaría a cargo de Mingorance.

Ahorro energético

“Aprovechar la luz del sol es bueno desde el punto de vista de la salud, la seguridad, el medio ambiente y el consumo”, puntualiza García y sostiene que en realidad la provincia podría aplicar el sistema más allá de que se replique  o no a nivel nacional.

La especialista detalla que si bien atrasar el reloj llevará que el anochecer llegue antes, las escuelas, los bancos y la administración pública en general  gastarán menos energía.

Su recomendación, en concreto, es que entre marzo y octubre se atrase el reloj una hora, mientras que en los meses de primavera-verano se debería volver al huso -3, debido a que en ese período los días son más largos en  el Hemisferio Occidental. Es precisamente lo que aplica Chile.

Para defender su análisis, la astrónoma detalla que en el caso del invierno esta necesidad se hace aún más clara, ya que “el desfasaje entre la hora del reloj y la solar se acentúa en el oeste del país, llegando a ser de 1 hora y 40 minutos. Este hecho significa que en el oeste del país, para una latitud media como la de Mendoza (33º sur) o Buenos Aires (35º sur), el Sol sale a las 8:40 de la mañana, cuando toda la actividad se inició entre la 7 y las 7:30”, detalla García y aclara que en el Este argentino la realidad es diferente porque se amanece más temprano.

La mayor inquietud, desde el punto de vista científico, es que el hecho de no adaptar la hora artificial con la salida y puesta del sol, implica vivir al margen de las condiciones naturales. E

ntre otros aspectos -sostiene García- levantarse cuando aún es de noche implica una alteración en el reloj biológico de las personas y esto conlleva a una mayor accidentología y menores posibilidades de rendimiento laboral y escolar. Además, se elevan los índices de contaminación lumínica.

Capítulo aparte, merece el tema energético. “Está probado que cuando uno inicia las actividades de noche y prende la luz, luego es muy difícil que la apague cuando la luz solar ya es suficiente para trabajar sin la artificial. Invitamos a todos a ver lo que ocurre, en este sentido, en las escuelas y en las oficinas públicas”, plantea la investigadora en un escrito.

García detalla que la contracara de la situación actual implicaría lograr adaptar todas las actividades cotidianas  a la luz solar. Ésta sería, desde su punto de vista, la manera más inteligente de estar en armonía con el ecosistema.

Desde el punto de vista del geógrafo y docente de la UNCuyo Marcelo Giraud, el debate acerca del huso horario en Mendoza es complejo y reviste una serie de aspectos culturales y organizativos a modificar.

Es que en el caso de que los relojes se atrasaran una hora a las 00.00 de una día determinado para “ganarle” tiempo a la noche, el amanecer coincidiría mejor con la salida del sol. Por ejemplo, si para el 31 de este mes la salida del sol se espera que sea a las 8:28, de acuerdo a los datos del Servicio de Hidrología Naval, atrasar las agujas implicaría que a las 7:28 Mendoza ya cuente con luz solar.

Sin embargo, lo que desde algunos sectores podría ser cuestionado -menciona Giraud- es que la oscuridad aparecería también antes.

“Los chicos que salen de la escuela por la tarde estarían regresando a casa al anochecer. También habría que ver qué ritmo de trabajo aplicarían los comercios”, amplía el geógrafo y sostiene que para lograr adaptar la hora es fundamental cambiar los usos y costumbres.

Para él, si bien no existe una solución al tema que reconforte a todas las partes, sí es indispensable que se adopten las medidas necesarias para que el país aplique el huso horario que le corresponde, es decir el -4, conforme a su ubicación. De hecho -aclara-, el huso actual (-3) es el que coincide con una ubicación de 45 grados al oeste de Greenwich y pasa entre Río de Janeiro y San Pablo (Brasil).

Dos leyes incumplidas

Si bien nuestro país (y Mendoza en particular) está regido por el huso horario -3, la hora legal es la de cuatro horas al oeste del meridiano (es decir -4), en coincidencia con la longitud media del territorio.

Así aparece establecido en la Ley Nacional N° 25.155 publicada en el Boletín Oficial en setiembre de 1999. En 2008, Mendoza sentó un precedente desde el punto de vista legal, luego de la sanción de un proyecto de Ley para que la provincia mantenga el huso -4 en invierno y -3 en verano.

El motivo de la iniciativa, impulsado por la ex senadora Nelly Gray de Cerdán, había sido evitar que los mendocinos tuviesen que alterar su ritmo para adaptarse a las necesidades de la Nación, que ese año aplicó un adelanto de la hora.   Así y todo, Mendoza debió adaptarse al huso -3, que es el que rige actualmente.

Fuente: Los Andes

Previous ArticleNext Article

Recebí el mejor
contenido

Suscribite y recibí el mejor contenido seleccionado por nuestros editores!
CLICK - SUSCRIBIRSE