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#LeyendasDeLaModa: Diana Vreelan

Diana Vreeland nació el 29 de julio de 1903 en París y murió el 02 de agosto de 1989, en la ciudad de Nueva York. Editora de moda, trabajó para Vogue y Harper’s Bazaar . Su mirada elegante y su buen tino para descubrir el talento más fresco y novedoso le valieron el pasaporte al Costume Institute del Metropolitan Museum de Nueva York, en calidad de comisaria para las exposiciones. Diana Vreeland también publicó dos libros: Allure –donde compartía todas sus inspiraciones y sus fetiches– y D.V. –la autobiografía–. Carismática y talentosa, Vreeland se erigió en una mecenas de los grandes creadores del siglo XX y sigue si referente en el mundo del estilo.

Siempre original y divertida, Diana nació en París “y a partir de ahí todo fluye con naturalidad”. Desde pequeña acarreó un fuerte complejo –potenciado por su madre– por su peculiar rostro. Lo que podría haber supuesto un escollo en su personalidad se convirtió en su mejor baza, que lejos de minar su confianza la empujó a forjar un carácter único e irrepetible.

“Nunca lo olvides, una mujer no es bella por su piel, sino por sus cicatrices” – Diana

Suyos son grandes hallazgos en materia de moda, como respaldar o dotar de cobertura –para su posterior reconocimiento– a potentes nombre del sector: desde Manolo Blahnik al clan Missoni , desde la icónica modelo Twiggy al magnífico fotógrafo Richard Avedon. Una mujer  feminismo ayudó a cambiar el papel de la mujer.

Recientemente se ha publicado The Eye Has to Travel , un documental –junto con un libro– dirigido por Lisa Immordino y una exposición sobre su trayectoria en el museo Fortuny de Venecia.

Cronología

1920 – 1930

Diana Vreeland tuvo un sueño que duró toda una década –entre ponerlo en pie, darle forma y disfrutar de los éxitos que había obtenido–: ser la chica de moda. El absoluto desencadenante para esta titánica empresa fue el flechazo que tuvo al ver a Reed Vreeland, su marido. Tras casarse se mudaron a Londres, donde empezaron una vida mundana en pareja plagada de románticos viajes por Europa.

El matrimonio cambió su residencia de Londres a Nueva York y fue a finales de la década de  Hotel St. Regis. Diana Vreeland estaba bailando en el centro con un rompedor outfit y las mejillas encendidas en maquillaje rojo. Carmel instó a Diana a trabajar con ella como editora  publicación fue una hilarante columna desde la que dictaba divertidas propuestas unas veces y lanzaba atrevidos retos las otras. La columna se llamó Why don’t you?, una interrogación que se convirtió en una fantástica forma de zarandear remilgos sociales anclados en la tradición.

1937 – 1962

Veinticinco años en el cargo dieron el margen suficiente a Diana Vreeland para poner patas arriba el oficio de editora de moda. Hasta entonces el cargo sólo comprendía las funciones de una señorita de sociedad, que viste a otras señoritas de sociedad… Ella, en cambio, inventó desde cero una nueva profesión, insuflando creatividad con su ojo especialmente dotado para descubrir el talento.

Forman parte de la leyenda de Diana Vreeland sus costosas producciones. No había cabida para la mediocridad. Las sesiones en las que intervenía Diana brillaban con luz nueva, con un poder mágico. Richard Avedon fue llamado a trabajar con Vreeland por mediación de Carmel Snow. El fotógrafo se batió en retirada tras el primer encontronazo con Diana, pero el empeño de Snow hizo que repitieran. El tándem directora creativa – fotógrafo terminó siendo un sólido binomio de creatividad sin precedentes.

El período en el que Diana trabajó para Harper’s Bazaar coincidió también con un momento personal de lo más intenso. Reed tuvo que abandonar Nueva York e instalarse en Canadá; la Segunda Guerra Mundial impuso una mudanza forzosa.

Diana se quedó en N.Y.C. manteniendo su cargo de editora de moda al frente de la publicación.

El fin de su periplo en Harper’s vino con la retirada de Carmel Snow. Diana Vreeland era la perfecta editora de moda, pero no era la candidata idónea para la dirección.

Su visión era magnífica para crear universos estéticos, pero no para dirigir la revista.

1963 – 1971

Sam Newhouse había adquirido recientemente la editorial Condé Nast y a falta de una directora en Vogue contrató a Diana. Empezaba una década vibrante, llena de rompedoras innovaciones. La década de los sesenta fue sin duda la de Diana.

Adoraba y veneraba cada pequeña muestra de irreverencia, cada bocanada de aire fresco. Su trabajo viró en un producto mucho más exquisito, y también más costoso.

Por ello, y por su falta de conexión con la nueva época, Diana fue despedida en 1971.

Pero si por algo fue importante el período que abarcó su estancia en Vogue, fue por haberla golpeado profundamente con la muerte de Reed. La carismática editora vio menguar su pasión y su arrojo.

1971 – 1989

Fue Peter Tufo, el abogado de Diana, quien intercedió por ella ante Ashton Hawkins, el consejero del Metropolitan Museum of Modern Art de Nueva York. Quién sino ella iba a ser la encargada de montar, organizar y publicitar unas exposiciones mastodónticas, cargadas de magia y de piezas dignas de un museo.

Sus últimos días los pasó retirada en su apartamento rojo –el que decoró como “un jardín, pero un jardín en el infierno”– rodeada de familiares y una selecta corte de amigos íntimos. Diana murió el 2 de agosto de 1989 en su casa de Park Avenue.

Biografía Fuente: Condé Nast Internacional adaptado por Germán Biscardi para MASSNEGOCIOS Diario Online

Instagram: @germanbiscardi | @caravanaok

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