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La argentina que rompió barreras en la industria farmacéutica

Adriana Belardinelli, directora de la planta de Pfizer en Argentina, es la única mujer con ese puesto entre todas las filiales de la compañía en Asia, África y América latina. Las dificultades que le tocó atravesar durante su carrera, en una charla con Mujeres que hacen.

A Adriana Belardinelli el mundo de la farmacéutica la atrapó desde el primer día que comenzó sus estudios universitarios. Sin embargo, fue materia a materia que descubrió cuál era el área que más la apasionaba: el desarrollo de nuevos medicamentos. Hoy, su persistencia la llevó a ocupar una silla rara vez ocupada por una mujer en la sector que la emplea: el de directora de planta. En diálogo con Mujeres que hacen, la ejecutiva de Pfizer Argentina cuenta cómo fue ganarse una posición que ninguna otra colega ocupa entre las filiales de la compañía en Asia, África y América latina.

Hoy ocupás un puesto directivo, pero no siempre fue así… ¿Cómo te iniciaste en la industria?

Mi primer trabajo como farmacéutica graduada fue en otra compañía local. Comencé a trabajar en el área de desarrollo de productos, y estuve unos 4 años. Yo desarrollaba fórmulas y estudiaba los productos antes de lanzarlos al mercado. Siempre me gustó trabajar en la industria, y mi expectativa fue siempre la de trabajar en el desarrollo de fármacos. Después vine a esta planta, que era de otro laboratorio local, con un cargo más importante. A partir de ahí ocupé distintos roles dentro de la planta, ya sea porque yo iba cambiando de posición o porque la compañía iba cambiando, y siempre me fui readaptando. Estoy en Pfizer desde el año 2003 porque vengo de las empresas que Pfizer compró, pero en la planta tengo 20 años.

 ¿Y siempre tuviste pocas colegas mujeres?

¡En la facultad éramos muchas mujeres! De hecho ahora lo que escucho es que cada vez son más, casi como que se está transformando en una facultad de mujeres. Durante la carrera, mi grupo de estudios fue siempre de mujeres, había un 50/50 en cuanto a sexos. Después, cuando ingresé  a la industria, era casi un mundo de hombres, sobre todo en el nivel de profesionales. Tuve algunas compañeras que ingresaron en la industria y les ha ido bien, pero son la minoría. Muchas trabajan en farmacias oficinales, donde se venden medicamentos, o las han comprado o son directoras técnicas de farmacias; otras han ido a hospitales. Algunas son profesoras de escuelas secundarias, porque nos forman mucho en Física y Química.

¿Te considerás una excepción?

No lo había pensado jamás así, hasta que mucha gente empezó a decirme ‘qué puesto raro para una mujer, qué bueno. Eso me llevó a pensar en que en mi carrera tuve obstáculos, que cuando se me presentaron no sabía que eran obstáculos. Henry Ford decía que los obstáculos aparecen cuando uno levanta la vista del foco. En algunos de los embarazos de mis hijos, por ejemplo,  tuve que hacer reposo prolongado. Yo en cuanto me enteraba que estaba embarazada tenía que aislarme, porque mi ambiente de trabajo no es propicio para una mujer embarazada, pero me ha pasado que volvía a la oficina post embarazo y no tenía proyectos vigentes ni posición.

¿Cómo se superan esos golpes a la autoestima?

Yo me ocupé de que los obstáculos dejaran de serlo, no me victimicé. Pero cuando uno tiene estándares de exigencia altos, mantener el balance en todos los aspectos de la vida no es fácil, por eso es fundamental el apoyo de tu pareja o quien te acompañe. Visualizar oportunidades y marcar el camino que se quiere seguir también ayuda. Yo traté siempre de no perderme, y al principio de mi carrera aunque hubiera malas caras o cuestionamientos, me mantuve firme.

¿Creés que cambió algo en los últimos años?

Ahora es más común que a la mujer embarazada se la considere y que se le facilite la reinserción. Hoy mi hija más grande tiene 22 años y estoy segura que para ella será distinto. Pero cuando me tocó reinsertarme a mí puse mucho esfuerzo para ser tenida en cuenta y eso representó un sacrificio personal alto. Hoy se habla más de esto y está más instalado. Creo que evolucionamos muchísimo como sociedad, que hoy se tiene más cuidado y hay políticas especiales para la mujer que trabaja, como el aumento de días de licencia para padres y madres; así es como se genera una cultura donde el hombre se siente parte. Veo a los hombres más conscientes. No sé si les gusta tanto el tema de la participación a algunos, pero claramente el tema sí está instalado y hay hombres que colaboran, porque entienden como una responsabilidad compartida el colaborar con la familia.

¿Es posible entonces, con un sostén familiar, ser exitoso en lo personal y en lo profesional?

Yo trato de mostrarle a mujeres cercanas a mí o que son parte de mi equipo que sí se puede triunfar en las dos cosas –ser madre y profesional–, sin sacrificar una o la otra, y trato de darles flexibilidad. Lo más grave es que muchas veces ellas mismas se limitan, ya sea porque hay una culpa o porque no lo ven como una posibilidad el hecho de manejar ambos aspectos de la vida, pero sí es posible. Y aunque en algunas familias la mujer es más sostén que el hombre, ir a trabajar y desarrollarse sigue siendo considerado un premio para la mujer.

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