Emprendedores

Empeñó un reloj para comprar su máquina y hoy factura $ 1,2 millones al mes

Desde renunciar a la empresa familiar con una hija recién nacida hasta abandonar su puesto en una importante desarrolladora para trabajar en el garaje de su casa, los desafíos a los que se enfrentó Rodrigo Matta, creador de Talleres Sustentables, para montar su empresa.

Tener 25 años y ser padre primerizo es, para muchos, señal de que es hora de “sentar cabeza” e involucrarse de lleno en la empresa familiar, o en todo caso, conseguir una oficina en alguna empresa grande. Para Rodrigo Matta, sin embargo, el enfrentarse a ese escenario no iba a modificar en nada su objetivo: hacer de su vocación de carpintero un negocio rentable.

Por eso, a pesar del juicio adverso de su familia y amigos, el emprendedor decidió, luego de cumplir un cuarto de siglo de vida y tener a su primera hija, abandonar su trabajo en la empresa de plásticos familiar y empeñar el reloj a acuerda de su abuelo para comprar su primera máquina de carpintería. Con ella inició el camino que, empleo en relación de dependencia en una importante desarrolladora de por medio, lo llevaría a crear Talleres Sustentables, la marca de muebles fabricados con recursos renovables que hoy factura $ 1,2 millones al mes y vende 1.000 unidades al año.

En diálogo con Apertura.com, Matta habló sobre el trayecto recorrido hasta crear su línea con sello propio.

Pasaste de trabajar en una organización que fabricaba cubiertos descartables a hacer sillas hechas de madera descartada, ¿cómo pasó eso?

Empecé con la carpintería de manera autodidacta, en el garage de mi casa. Después del secundario empecé a trabajar en la fábrica de plásticos de mi papá, pero no me interesaba el rubro. A mis 25 años tuve a mi hija y me mudé con mi mujer, y aunque no tenía mucho dinero, decidí dejar la empresa. Había visto, en una ferretería del barrio, una máquina para hacer carpintería que me había gustado mucho. Dejé un reloj antiguo a cuerda y de madera que era de mi abuelo como parte de pago y me llevé la máquina; después lo terminé pagando en cuotas.  Con mi familia nos mudamos a una casa con garage a propósito, para que yo pudiera armar un taller. Vi en un palo de luz un volante de un vecino que ofrecía cursos de carpintería y me anoté; era el único alumno.

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La ambientación de uno de los locales de Matta.

¿Y con qué supliste los ingresos de tu puesto en la empresa familiar?

Empecé a trabajar con un amigo que hacía stands de exposiciones, se los armaba en el garage. Hasta que un día, otro amigo me pidió que intenté replicar para él un mueble que había visto en una casa de muebles bastante prestigiosa, porque no tenía la plata para comprarlo al precio que lo había visto. Le pedí los materiales y le regalé la mano de obra. Quedó tan bien el mueble y tan contento mi amigo que empecé a hacer muebles para más conocidos, hasta que me contrató una constructora muy grande.

¿Trabajabas como carpintero en una mega constructora?

En realidad, el dueño de la desarrolladora me ofreció hacer una sociedad conjunta para hacerle la carpintería de sus obras. Primero le alquilé la carpintería al que era mi profesor y tuve a 2 personas a mi cargo, y después se empezó a sumar cada vez más trabajo, así que me mudé a un galón en Lugano y pasé a hacer desde los muebles de panaderías y bancos hasta los muebles de cocina y placares de todo un edificio residencial; con 40 personas a cargo, fue una universidad violenta de carpintería de obra.

Con la oportunidad de trabajar a escala, ¿por qué abandonaste?

Vivía viajando, a Mar del Plata, Chascomús; y colapsé. No era lo que yo quería, así que empecé a hacer muebles con la madera de los dos volquetes que tirábamos por semana. Presenté una mesa y un vajillero en Puro Diseño de ese año, el 2010, y los vendí a entre $ 20 mil y $ 50 mil, precios exorbitantes. Me di cuenta que ahí había algo, entonces me junté con mi socio de la constructora y le dije que no quería saber nada más con el trabajo que hacíamos. Me puse un taller en San Fernando con máquinas de $ 240 mil que compré con cheques, y cobrando favores de electricistas y pintores, 2 años después sumamos con mi socio Tomás Brinnand otros $ 80 mil abrí mi primer local en Palermo.

 

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La calefacción de las sucursales de Matta, también sustentable.

¿Qué fue lo más difícil de volver a lanzarte solo?

Yo a hacer plata ya había aprendido, y para lo demás soy un cabezón. Lo más difícil fue lo creativo, el tener que armar colecciones tan rápido. Porque son sustentables, nuestro muebles requieren un proceso muy largo para su fabricación. Primero los blanqueamos, los hacemos impermeables al agua pero sin solvente, y después los entelamos con arpillera o gasa. Ya de por sí, la madera es madera recuperada, que lleva muchísimo tiempo de limpieza, o de reforestación, que significa que fue talada de un bosque que se corta esperando el crecimiento de lo que se vuelve a plantar. Todo esto lleva muchísimo más tiempo y es el doble de caro.

¿Cuáles son los planes a futuro?

Acabamos de abrir nuestro tercer local en Norcenter, que se suma a los de Palermo y Dardo Rocha. Ahora estamos preparando, también en Norcenter, la apertura del primer local de Ukelele, nuestra nueva marca de muebles para adolescentes; además, en abril abriríamos otro local de la misma marca en Palermo o Belgrano. También, aunque hoy ya somos 35, queremos llegar a por lo menos 80 empleados, sumando más chicos de Fundación Reciduca, una organización a través de la que le damos a chicos de difícil inserción laboral la posibilidad de formarse en carpintería y trabajar en Talleres. Gracias a ese programa, el encargado de nuestra fábrica, que hoy tiene 24 años, entró hace 4 años sin saber nada y hoy está a cargo.

Fuente: Apertura

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