Emprendedores

El emprendedor de los efectos especiales y cirugías de alta complejidad

En 1982 los cines se llenaron de espectadores que miraban deslumbrados cómo ET, El Extraterrestre, llamaba a su casa con un teléfono casero y vivía una serie de peripecias con Elliot, un nene de 10 años que lo descubrió y protegió. Mientras todos se obnubilaban con la historia, Diego Licenblat se preguntaba, mirando al personaje galáctico: “¡Cómo hacen esto!”.

Su fascinación pasaba por saber cómo Hollywood había armado un muñeco tan real que parecía un auténtico extraterrestre. Y esa duda se convirtió en su estilo de vida: hoy, a los 45 años, dirige FX, una firma que fabrica prótesis –“no se dice máscaras, se dice ‘prótesis’”, aclara- y Diseño de Maquillaje Profesional de alto nivel para películas, cortos y toda producción que lo requiera.

“Acá en la Argentina éramos muy pocos y lo que se hacía era a pulmón; con el tiempo fui conociendo gente del ambiente, pero era todo muy casero. Luego, en un viaje familiar a Estados Unidos, conocí a los proveedores del gremio de los FX. Ahí estuve gran parte de las vacaciones”, recuerda Licenblat sobre los orígenes de este arte en la Argentina.  Hoy en día, además de dirigir su empresa, también divide su tiempo en Vistage Argentina, donde es un speaker referente.

“Empecé a investigar cómo se hacían esos productos, cómo se vulcanizaban. Ahora, a la distancia, eso se convirtió en mi laboratorio con el que proveo a producciones de distintos tipos. Yo no me imaginaba el hecho de dar clases de algo si yo mismo no conseguía los materiales, pero al tener resuelto la parte química dio un gran salto”, cuenta el especialista. Si bien los valores para hacer una prótesis son variados, los valores rondan entre $ 20 mil y $ 50 mil.

Sus ansias por saber más y más lo llevaron a estudiar en Estados Unidos con Tom Mclaughlin, un maestro de los efectos especiales que trabajó en películas como Star Wars o Congo. “Yo era el único argentino”, dice a la distancia Licenblat. Mclaughlin es, en la industria, un especialista en piel. Conoce las texturas y formas de trabajar para distintos materiales.

Y esa expertise también se volcó a Licenblat, quien no sólo trabaja para la industria del entretenimiento sino para la salud.

“Entrené a médicos de distintas organizaciones para todo lo que era el uso de silicona en reconstrucción faciales. Eso derivó en un laboratorio que trabaja todo ese tema en un nivel profesional, porque trabajamos con impresoras 3D industriales, scanner 3D y otros aparatos”, cuenta Licenblat sobre la otra arista del negocio. Ese camino se amplía en pos de mejorar la salud.

Por ejemplo, ahora, están desarrollando simuladores para que los médicos practiquen en esos modelos similares al cuerpo humano antes de hacer una operación riesgosa. “Lo que preparamos son simuladores clínicos y quirúrgicos. Los médicos nos acercan cómo debemos hacerlos y nosotros los replicamos. Deben exactos, porque hay que imitar los mismos conductos en los cuales luego van a trabajar con una persona real”, cuenta Licenblat.

“Estos simuladores están hechos con parte de impresión 3D, con partes en ingeniería de disección de silicona, otros con inyecciones de plástico y otros con una impresora 3D especial”, narra.

A la distancia, ayuda a las personas no sólo a transformarse para la actuación, sino en temas clave de salud. Y todo comenzó gracias a ET, el Extraterrestre.

Fuente: Apertura

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