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Coaching, episodio 5: la escuadra

Permítame hablar de virtudes comparándola con La Escuadra.

Como constructores de nuestro conocimiento es menester que aquello que vayamos a construir en nosotros, en nuestras relaciones, en nuestra empresa y en nuestra sociedad, se correspondan a la fina virtud.

En coaching a la virtud la compararemos con la escuadra, la herramienta que permite medir y trazar ángulos rectos.

Tal como el constructor se esmera en lograr que sus muros sean de exacta rectitud, asi mismo debemos construir nuestro aprendizaje, ergo nuestras acciones y actividades (lease también pensamiento), en bases de rectitud, en contraposición a los vicios. Cuando un albañil ha erigido muros en “falsa escuadra”, como se le dice en la jerga de la construcción, deja de manifiesto un vicio en su acción, al igual que cuando nuestras acciones no se cimientan en la rectitud.

De la mano de la rectitud viene la prudencia y la discreción. Triada excelsa de virtudes.

El diccionario define a la prudencia como la “Capacidad de pensar sobre los riesgos posibles que conllevan las decisiones, y adecuar o modificar la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios”. Lea y relea esta breve y concisa definición, sobretodo en sus tareas diarias, al despertar, al prepararse para comenzar un nuevo día, con sus pares (incluso su pareja), colegas, empleados, jefes y con el resto de la sociedad.

Por otro lado dice sobre la discreción: “sensatez para formar un juicio y tacto para hablar u obrar”. De allí que podemos representar estos tres sublimes conceptos, RECTITUD, PRUDENCIA Y DISCRECIÓN, con la escuadra.

Tómese un segundo, estimado lector, para pensar en sus últimas palabras pronunciadas, en sus últimos minutos, horas, días y años vividos. En sus últimas acciones y pensamientos. ¿Han estado impregnados de estas virtudes? ¿Ha logra dejar en los demás y en usted mismo, por qué no, una huella recta, una palabra prudente y una acción discreta?

No olvide que cada uno de nosotros es el residuo de lo que fuimos. Si lo que hicimos ayer no fue trazado mediante una escuadra, el individuo que somos ahora se aleja de esa rectitud… ¿Y el de mañana? No deje que la pereza (¡Oh, madre de los vicios!) lo aleje de su escuadra. ¿Sabía que sólo un grado de error en el lanzamiento de un cohete a la luna podría alejarlo tanto de su objetivo que jamás lograría dar con ella?

Podría no parecer un problema una simple acción fuera de la rectitud de la escuadra, pero al pensar en esto se me vienen a la cabeza las palabras de Antoine de Saint-Exupéry en la voz de El Principito (recomiendo su lectura como un ejercicio habitual) cuando se refiere a los baobabs, enormes arboles oriundos de África: “–Los baobabs comienzan por ser muy pequeñitos. (…) Hay que arrancar los baobabs en cuanto se les distingue de los rosales pues se parecen mucho cuando son pequeñitos (…) A veces no hay inconveniente en dejar para un poco más tarde el trabajo; pero tratándose de baobabs, el retraso es siempre fatal.”

No es una tarea simple ni mucho menos, pero le presentaré EL NIVEL como herramienta del coaching en nuestro siguiente encuentro.

Un abrazo cordial y hasta la próxima.

Lic. Paulo E.:Bitar

 

 

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