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Cambio de horario del centro: podría incrementar costos, afectar ventas y pérdida de clientes en beneficio de shoppings y supermercados

Ante las versiones de un posible cambio de horario en el comercio de Mendoza, medida que se ha intentado en los últimos años con resultado adverso, la Federación Económica (FEM) desea expresar su punto de vista.

La modificación en el horario no puede ser analizada sólo desde el punto de vista de la comodidad. Y si bien se deben contemplar las opiniones de todos los involucrados (gremio, transporte, seguridad y clientes) también hay que prever las consecuencias que tal cambio puede acarrear en las ventas y en los costos fijos de negocios y hasta trabajadores.

Un aspecto a tener en cuenta es la siesta. Más allá de la tradición, creemos que tener un comercio abierto en un horario en el que la gente no sale a comprar no es negocio.

Además de cerrarse a las 18 horas como se habla, creemos que el centro perderá atractivo. No queremos que después de esa hora “el centro se muera y sea tierra de nadie”. Analicemos también el impacto que puede tener en el turismo. ¿Qué visitante recorrerá nuestro centro con casi todo cerrado salvo lo gastronómico?

Otro punto no menor es qué pasará con la gente que sale de compras después de las 18. Queda claro que ese consumidor irá a otros lados, con lo que transferiremos ventas y clientes a shoppings, malls, supermercados e hipermercados, formatos comerciales estos últimos que lejos de plantearse un cambio de horario, van avanzando (atienden hasta los domingos) y han incorporado a sus ventas productos que antes sólo ofrecía el comercio minorista. Desde la FEM señalamos que no hay que cederle espacio a la competencia.

El tema transporte también debería ser considerado ya que tal vez habría que modificar frecuencias o analizar refuerzos.

En lo que a seguridad se refiere, nos preocupa qué pasará con los comercios cerrados después de las 18, tema que habrá que coordinar muy bien con las autoridades del Ministerio.

Veamos aparte la época estival. ¿Quién saldrá a comprar al centro con las elevadas temperaturas de esa estación?. Y suponiendo que se implemente el cambio, cuando llegue el verano deberíamos volver por razones obvias al régimen actual con todos los inconvenientes que acarrearía el reacomodamiento horario. Sí nos parece razonable que para ciertas fechas como Día del Padre, Día del Niño, Día de la Madre, Navidad y Reyes se practique un “horario especial”.

Con respecto a los empleados, tema que debe ser coordinado con el gremio CEC, habrá que analizar el tema almuerzo. ¿Quién corre con el costo?. Si lo hace el comercio deberá contemplar una suma fija para ello (más costos también) y permisos especiales, lo que es lógico. Pero si lo asume el empleado, lo que se ahorra en micro se lo gastará en comida con lo que su ingreso se verá seriamente afectado.

Finalmente una eventual caída en las ventas afectará no sólo al comercio y a las fuentes laborales (será difícil hacer frente a los costos fijos) sino también al Estado provincial. No olvidemos que este sector es un gran aportante al PBI de la provincia.

Muchas veces se pone como ejemplo lo que sucede en otras localidades, pero Mendoza tiene su realidad.

En concreto, si queremos mejorar el comercio, creemos que el tema no pasa por el horario. Hay una situación económica que no podemos pasar por alto, pero eso no nos puede inmovilizar. Al cliente se lo seducirá con más y mejor atención y “ampliando” el horario. ¿De qué manera?. Sumándole al comercio físico el comercio virtual. Hoy la gente elige y hasta compra por Internet y para ello está empleando cada vez más un aparato que sólo se usaba para llamadas: el celular, con sus innumerables servicios y aplicaciones. Ese es el presente del comercio (estemos atentos al futuro), no el horario corrido por comodidad o conveniencia de pocos.

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