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7 de 10 países del continente utiliza efectivo para más del 50% de sus transacciones

Pese al crecimiento de los pagos electrónicos, aún representa el 16% del PBI de Latinoamérica, pues el dinero en efectivo mantiene su dominio y suma complejidad a la operatoria de las empresas.

Las compras online se incrementan en la región y en el mundo, pero las operaciones en efectivo también crecen, lo que confirma que los clientes prefieren disponer de varios canales transaccionales y distintos modos de pago.

Un relevamiento reciente señala que el efectivo en circulación en relación con el PIB se ha incrementado en 2017 un 9.6% en todos los continentes, en comparación con el 8.1% registrado en 2011. Esto explica, de alguna manera, que 7 de cada 10 países señalen que el efectivo se utiliza para más del 50% de las transacciones. Los indicadores de cada uno de los países muestran que, salvo Corea del Sur y Suecia, en el resto de los casos los pagos electrónicos han ampliado la oferta para operar, pero no han suplantado al efectivo.

“Los desafíos del dinero físico en Latinoamérica son muy importantes. Respecto de otras regiones, Sudamérica tiene la mayor dependencia de efectivo en relación con su PIB, que alcanza al 16%”, señaló Javier Colomb, Gerente de Ventas para la Industria Financiera de SAP en Argentina. “Un relevamiento hecho por SAP muestra que para 63% de los CFOs el manejo de efectivo en sus organizaciones no solo no ha mejorado, sino que se ha vuelto más complejo y difícil”, agregó.

Estas dificultades se relacionan con el volumen de transacciones y a los mayores controles regulatorios sobre el atesoramiento y la demanda de tiempo que implican sus tareas asociadas. Según CFO Research, sólo 8% de las empresas tiene capacidad de respuesta en tiempo real para preparar estimaciones y reportes de consolidados de efectivo.

“Cerca del 23% de las compañías dedica al menos medio día para resolver un reporte de efectivo con su estimación cuando recibe el requerimiento, pero 73% señala que resolver esto en tiempo real sería una prioridad para su organización”, explicó Colomb.

Más allá de su precio de intercambio, el dinero físico tiene una utilidad muy importante: la gente confía en él y es la única herramienta de pago en sectores con menor o nulo acceso al sistema financiero. “Está lejos de desaparecer, por lo que las organizaciones deben prepararse para administrar en tiempo real los distintos tipos de herramientas de pago para gestionar el negocio y anticiparse a los cambios del mercado”, completó el ejecutivo.

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